qué son las drusas

El paso del tiempo afecta a nuestra visión y es natural que según se envejezca la capacidad visual disminuya. Además de la degeneración natural de las células debido al envejecimiento, también resulta común desarrollar afecciones como las drusas, que pueden llegar a empeorar la vista.

Por ese motivo, esta semana te explicamos todo lo que deberías saber sobre las drusas.

¿Qué son las drusas y qué tipos existen?

Las drusas son depósitos de residuos celulares que se van acumulando hasta formar cúmulos de aspecto y composición variables. Pueden aparecer tanto en la mácula como en la papila y el nervio óptico, debido a que el cuerpo no es capaz de eliminar los residuos a través de la circulación sanguínea.

Dependiendo de la composición y el lugar en el que aparecen las drusas, se pueden identificar tres tipos:

  • Drusas maculares: aparecen en la mácula. Suelen estar asociadas al envejecimiento natural del ojo, presentándose comúnmente en personas de más de 45 años. Existen dos tipos:
    • Drusas maculares duras: son de pequeño tamaño y suelen estar bien definidas. Cuando no están asociadas a una enfermedad, estas no representan un peligro para la salud visual.
    • Drusas maculares blandas: son de gran tamaño y tienden a unirse unas a otras. Estas drusas sí que son peligrosas para la salud visual, pues pueden afectar a la visión. Por ese motivo, es importante tratarlas a tiempo y, si es posible, prevenirlas antes de que interfieran en la vista.
  • Drusas papilares: los depósitos de residuos están localizados en la papila y se componen principalmente de proteínas grasas. Este tipo de drusas, al contrario que las maculares, no están relacionadas con la edad y suelen aparecer en niños.

Drusas maculares

Las drusas maculares aparecen entre la membrana de Bruch y la membrana EPG (membrana basal del epitelio pigmentario de la retina). Pueden presentarse como nódulos de color blanquecino o amarillento y variar en tamaño. Estas drusas son normales a partir de cierta edad, y no presentan síntomas siempre que no se asocien a una lesión de la mácula. Este tipo de drusas son conocidas como drusas maculares duras.

En el caso de que las drusas desarrolladas estén asociadas a una lesión en la mácula, se las conoce como drusas maculares blandas. El daño macular comienza con un abombamiento de la retina que causa presión. Este abombamiento se produce a consecuencia de un cúmulo de residuos que forman pequeñas “montañas”. Si este proceso se detecta y trata en etapas tempranas puede detenerse, de lo contrario puede evolucionar hacia una degeneración macular asociada a la edad (DMAE).

El desarrollo de drusas resulta poco frecuente en personas menores de 45 años, común en personas con un rango de edad entre 45 y 65 años, y muy frecuentes en la tercera edad, cuando se superan los 65 años.

Aunque tanto las drusas maculares duras como las blandas estén asociadas a la edad y esta sea su principal causa de aparición, otro tipo de enfermedades, como la diabetes, pueden estar asociadas al desarrollo de drusas maculares blandas.

Síntomas de las drusas maculares

Las drusas maculares duras no presentan síntomas. En el caso de las drusas maculares blandas, estas no suelen presentar síntomas hasta estar en una etapa avanzada de su desarrollo. Entre los síntomas más comunes de las drusas maculares blandas encontramos los siguientes:

  • Visión periférica y central borrosa.
  • Dificultad para ver bien cuando se pasa de un espacio luminoso a un espacio sin iluminación.
  • Visión borrosa o blanquecina en un punto concreto del campo visual.

Drusas papilares

La papila es el conjunto de axones de las células ganglionares de la retina. Se trata de la porción oftalmoscópicamente visible del nervio óptico, es decir, la papila o cabeza del nervio óptico.

Las drusas papilares, también conocidas como drusas de nervio óptico, son cúmulos de residuos que se acumulan en esta parte del ojo, la papila. A diferencia de las drusas maculares, este tipo de drusas no se asocian a la edad y pueden aparecer en cualquier etapa de la vida, siendo más frecuentes en mujeres que en hombres. Son visibles después de la primera década de vida, habitualmente en ambos ojos.

No se conocen las causas que desarrollan este tipo de trastornos oculares, pero se considera como un factor de riesgo ante anomalías vasculares oculares como, por ejemplo, la presencia de arterias ciliorretinianas, tortuosidad pronunciada, bifurcaciones anormales, colaterales retino-coroideas o hemorragias.

La detección temprana de drusas papilares es de vital importancia para no desarrollar enfermedades oculares relacionadas con la papila, como la pseudopapiledema. Este tipo de drusas suelen aumentar de tamaño con el paso del tiempo y pueden resultar un verdadero obstáculo para la visión, además de provocar otro tipo de complicaciones.

Síntomas de las drusas papilares

Uno de los principales problemas de las drusas papilares es que no presentan síntomas hasta que las drusas se hayan en un estado muy avanzado de desarrollo. Llegado este punto, los principales síntomas son los siguientes:

  • Pérdida de campo visual periférico.
  • Percepción de una especie de centelleo o flash de color grisáceo en el campo visual.
  • Disminución de la agudeza visual.

Tratamiento de las drusas

En el caso de las drusas maculares duras, no existe hoy en día ningún tratamiento eficaz para combatirlas. Se recomiendan los controles oftalmológicos rutinarios para monitorizar su evolución, poner remedio a las complicaciones que puedan derivarse de forma anticipada y detectar si se convierten en drusas blandas.

No existe un tratamiento probado eficaz para las drusas papilares. Se recomienda acudir al oftalmólogo con frecuencia, ya que, si se detectan este tipo de drusas un seguimiento de la campimetría, el estudio de las fibras del nervio óptico y el control de la presión intraocular pueden detectar anticipadamente complicaciones que puedan comprometer la visión.

Actualmente, el único tratamiento disponible se limita a las drusas maculares blandas.

Al estar las drusas blandas asociadas a la DMAE, se podrá aplicar tratamiento en aquellas drusas asociadas a la DMAE húmeda. Es importante aplicar el tratamiento más adecuado para cada paciente e intentar detener su avance. El tratamiento farmacológico con antiangiogénicos es una de las terapias con mejores resultados, que incluyen una eficacia a la hora de frenar la pérdida de visión de hasta un 90%

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